NY ama la marihuana y la marihuana ama NY. Pasear high por la ciudad puede ser más relajante que hacer yoga o más delirante que cualquier juego de video. Aunque sea la droga más consumida por sus habitantes, Nueva York no es San Francisco. Prender un caño en una ciudad donde ni siquiera puedes darle una calada a un cigarro, es un problema. En clubes, conciertos de rock y algunos bares, siempre habrá un matón, oculto o no, pendiente de avistar cualquier señal de humo. El éxito de tu empresa sólo depende de tu capacidad para camuflarte.
Si te sorprenden con un llamese joint, grass, weed o pot lo más probable es que te tomen de un brazo y te tiren a la calle (Lo he visto con mis propios ojos). El efecto post Giuliani no tolera excusas, explicaciones, y segundas oportunidades tipo ( “que perdón, pero pensé que era como en Europa, o que soy turista y ...nada”) . Si fumas en la calle, lo peor que te puede pasar es que la policía (que en realidad, anda más preocupada de olfatear drogas como el crystal meth), te haga pagar una multa. Bueno, una multa de nada menos que $100. ¿Vale la pena pagar tanto por estar high?
Naaa... Los niuyorkinos en eso son más cómodos que rebeldes y prefieren aprovechar lo que la ciudad les ofrece: una variada oferta de semillas provenientes de México o Jamaica e impecables servicios de reparto de marihuana a domicilio. Este singular delivery funciona a través de mensajeros que llegan a tu casa en bicicleta, esté nevando o haciendo 40 grados. Por lo general se mueven por barrios, cambian todo el tiempo, como el casting de una película, y te ofrecen semilla superskunk cultivada in doors en frasquitos transparentes.
Después de todo, si afuera te quieren hacer la vida imposible, ¿para qué salir?
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